72 horas sin luz a 40 grados: ¿de verdad estás preparado para este verano?

Las dos de la tarde. El termómetro marca 41 grados a la sombra. Y entonces se va la luz. No cinco minutos, no una hora. El aire acondicionado se para, la nevera empieza a templarse, tu móvil está al 34 por ciento y del grifo, tarde o temprano, solo sale aire, porque la bomba de presión también funciona con electricidad.
Esto no es el guion de una película de catástrofes. Este verano ha pasado de verdad, en más de un sitio de Europa.
Lo que de verdad pasó este verano
En la segunda quincena de junio hubo alerta por calor en todo el territorio de algunos países de Europa central, y en un país centroeuropeo se midieron 42 grados, un nuevo récord nacional absoluto. Un calor tan prolongado no solo hace sudar: también castiga las infraestructuras. Los partes oficiales hablaron de cortes de agua en varias localidades, en unas por roturas de tuberías y en otras por averías de bombas, y el calor también afectó a los trenes.
A eso se suma la parte de las tormentas: las olas de calor suelen terminar con un frente frío y tormentas fuertes, con granizo, rachas de viento y trombas de agua. Los árboles caídos y los cables arrancados son los que provocan apagones de varios días, sobre todo en pueblos pequeños, donde la reparación tiene que esperar su turno.
En abril del año pasado, un colapso de la red dejó a oscuras durante horas a gran parte de la península ibérica. La verdadera lección no fue lo que pasó técnicamente. Fue que millones de personas se dieron cuenta a la vez de que no tenían en casa ni una caja de cerillas.
¿Por qué precisamente 72 horas?
Desde el año pasado, la Unión Europea recomienda a cada hogar tener reservas para valerse por sí mismo al menos 72 horas. No un búnker, no latas para diez años. Tres días.
¿Por qué tanto? Porque la experiencia en gestión de crisis dice que, tras un suceso grave, la ayuda organizada suele tardar entre 24 y 72 horas en llegar hasta ti. Los servicios se restablecen, las tiendas vuelven a abrir, los equipos de emergencia llegan. Pero en los tres primeros días, tu rescate eres tú.
Esa es la buena noticia. Las 72 horas no son paranoia, sino una tarea de un fin de semana que se puede hacer con un presupuesto razonable.
Agua: es lo primero que se acaba
Con calor, un adulto necesita unos 3 litros de agua al día, y eso es solo para beber. Sin contar el aseo, la cisterna ni la cocina.
Calcula lo tuyo:
- 3 litros de agua potable por persona y día x 3 días x los que seáis. Para una familia de cuatro son 36 litros, solo para beber.
- Más al menos 5 litros por persona y día para higiene y váter, si tienes sitio.
- Cuenta también al perro y al gato. Son los más fáciles de olvidar.
Lo que puedes hacer hoy: compra garrafas de 5 litros, ponlas en la parte baja de la despensa, en un sitio fresco y oscuro, y cámbialas cada seis meses. Cinco minutos y poco dinero.
Lo que vale todavía más: ten en casa una bolsa para llenar la bañera o un bidón de plástico limpio de 20-30 litros. Si avisan con antelación de restricciones de agua, todavía hay presión en la red. Quien llena entonces, tendrá agua. Quien espera a que se acabe, hará cola en el camión cisterna.
Si no te fías del origen del agua: hiérvela un minuto o usa un microfiltro. Las pastillas potabilizadoras de cloro son baratas y no caducan pronto, tenlas en la reserva.
Refrescarse sin electricidad a 40 grados
En verano, una casa sin aire acondicionado es mucho más peligrosa que una sin calefacción en invierno. El golpe de calor llega rápido, y a un familiar mayor o con problemas de corazón lo puede dejar fuera de combate en pocas horas.
Lo que puedes hacer:
- Cierra la casa durante el día. Persianas, cortinas opacas, ventanas cerradas. Es más fácil no dejar entrar el calor que sacarlo.
- Ventila de madrugada y a última hora de la noche, con corriente cruzada.
- Toalla mojada en la nuca, las muñecas y los tobillos. Por ahí pasan los vasos grandes, por ahí se pierde calor rápido.
- Un ventilador sencillo de batería o USB y un powerbank grande hacen más por tu comodidad que cualquier otra cosa de la lista.
- Baja. Si tienes planta baja o sótano, dormid ahí. El calor sube.
Algo que sorprende a muchos: parte de tus medicamentos son sensibles al calor. La insulina, algunos colirios y antibióticos se estropean por encima de 25-30 grados. Si la nevera se para, eso es lo más importante que hay que meter en la nevera portátil, no el embutido.
Comida que no se estropea con el calor
En una nevera cerrada, el frío aguanta más o menos cuatro horas. En un congelador lleno, hasta 48 horas; si está medio lleno, cuenta la mitad. La regla es sencilla: no lo abras. Cada vez que abres la puerta pierdes horas.
El primer día come de la nevera, el segundo del congelador, el tercero de la despensa. En ese orden, no al revés.
En tu despensa debe haber comida para tres días que no haya que cocinar ni refrigerar:
- latas de pescado, carne, alubias, maíz, pisto
- biscotes, galletas, barritas de cereales
- crema de cacahuete, miel, fruta deshidratada, frutos secos
- una bolsa de sal. Con el calor pierdes sal al sudar, y si después solo bebes agua, te encontrarás todavía peor.
Un hornillo de camping con cartucho de gas es la reserva de la reserva. Pero a 40 grados lo inteligente es cocinar poco, no mucho.
Electricidad: solo para lo importante
No hace falta un generador. En la mayoría de los hogares hay tres cosas que de verdad tienen que funcionar: el teléfono, una luz y la radio.
- Un powerbank de 20 000 mAh carga tu teléfono cuatro o cinco veces. Con dos tienes para tres días.
- Linterna frontal, no velas. La vela es llama abierta, y con niños y perro en casa es mala idea.
- Radio de pilas o de dinamo. Si también cae la red móvil, será tu único canal con el exterior.
- Cargador de coche. Tu coche es una fuente de energía de reserva completa, solo que hasta ahora no lo veías así.
Puedes completarlo con un cargador solar, pero que no sea la base. La base es el powerbank cargado, esta misma noche.
Efectivo, papel, contacto
Sin electricidad, el datáfono y el cajero están muertos. La banca online también, si no hay datos móviles. Ten en casa efectivo en billetes pequeños, lo suficiente para comida y combustible para tres días.
Imprime o apunta en papel:
- los teléfonos de tu familia, porque de memoria no te sabes ni uno
- el nombre de tu médico de cabecera y de tus medicamentos, con la dosis
- un punto de encuentro por si no conseguís localizaros
Hablad de antemano de quién va adónde si no hay teléfono. Es lo que más suele faltar: la familia tiene las reservas, pero no tiene el plan.
La prueba de los 20 minutos
No des por hecho que estás preparado. Compruébalo.
Esta noche baja el interruptor general durante 20 minutos. Basta para descubrir:
- ¿Encuentras la linterna frontal y tiene pilas?
- ¿Está cargado el powerbank, o lleva medio año vacío en un cajón?
- ¿Puedes beber agua sin abrir el grifo?
- ¿Sabe tu familia dónde están las reservas, o solo lo sabes tú?
Lo que te enseñen estos 20 minutos vale más que cualquier lista. Y lo que falte, lo compras el fin de semana.
Lo esencial
No te preparas para el apocalipsis. Te preparas para un apagón de tres días en pleno verano, algo que este verano fue real en más de un pueblo europeo. Todo esto te lleva un fin de semana y un gasto modesto, y a partir de ahí un apagón con ola de calor ya no es una catástrofe, solo una molestia.
Esa es la diferencia entre el pánico y estar preparado.
Cuéntamelo en los comentarios: ¿cuál es esa cosa que solo echaste en falta cuando ya se había ido la luz? Con lo que más os falte haré un vídeo aparte.
Sigue preparado.
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